¿Jueces e intendentes chinos en Argentina?


Pocos comercios generan tantos mitos y anécdotas como los "supermercados chinos". ¿Quién no ha oído hablar de las heladeras apagadas por la noche y otras historias similares? Sin embargo han sido tan exitosos que casi toda ciudad grande o chica de la Argentina cuenta desde hace años con al menos uno de estos comercios.
"Es que el chino te salva" se escucha decir por ahí. De alguna manera con las décadas fueron tomando el lugar que tenían antes los almacenes de barrio gestionados por hijos de inmigrantes españoles, italianos o de otro origen foráneo.
Sin dudas se podrían hacer (y se hacen) mil críticas sobre estos locales. Pero hay algo que los hace especialmente particulares ya que cuando uno hace la fila para pagar la compra suelen darse dos situaciones de acuerdo al horario.
La primera es que no haya nadie en la línea de cajas (ni siquiera el cajero), pero de inmediato se nos acercará alguien a cobrarnos. Esta persona aparentemente aparece de la nada, pero la realidad es que se encontraba aprovechando el tiempo realizando otra tarea como reponiendo productos en las góndolas o trapeando el piso por ejemplo.
La segunda situación es que lleguemos a pagar y la fila sea larga. En ese caso no pasará mucho tiempo hasta que llegue otra persona para habilitar una segunda o tercera caja. Serán incluso los dueños del supermercado los que se harán cargo de esto.

¿Qué es lo que estamos presenciando en ambas situaciones? Eficiencia a favor del cliente. "El chino" sabe que las principales fortalezas por las que la gente elige comprar ahí son la cercanía y la rapidez. Entiende que sus ganancias dependen directamente de mantener estas virtudes en niveles óptimos. Sabe que su gran diferencia radica ahí y por eso la gente lo elije en vez de irse a hasta alguna cadena grande como un Coto, Disco o Carrefour. 
A la vez, cuidando los costos comprende que no puede tener un cajero tomando mate y haciendo la plancha mientras no hay clientes porque es desaprovechar un recurso (humano, pero recurso).
Entonces ¿quién gana? Todos. El cliente porque ahorra tiempo y el vendedor porque aumenta sus ventas. La competencia y el libre mercado terminan por elevar el nivel de bienestar para todas las partes satisfaciendo las necesidades de cada uno.
El caso contrario son muchas (no todas) las dependencias del Estado que son ajenas a esta lógica por tratarse de un monopolio administrativo. Por lo tanto en principio parecería que da lo mismo que haya una, dos o tres ventanillas habilitadas para un trámite. Total el gobernante de turno seguiría en su puesto más allá del descontento del ciudadano. Ya se ocupará luego de compensar este malestar con palabras bonitas durante la próxima campaña electoral cuando el enojo del contribuyente se haya aplacado. Ni que hablar aquellos que deben atravesar procesos judiciales en el fuero que sea. Las demoras eternas de los trámites, firmas, sellos y resoluciones son la antítesis del supermercado chino que tantas alegrías nos sabe dar con su eficiente línea de cajas.
Aunque utópico, sería un experimento social interesante rotar temporalmente a los distintos actores de estos ámbitos para observar los resultados. De esta manera nuestro querido comerciante oriental se haría cargo de los trámites municipales o la celeridad de los tribunales. Lógicamente habría que buscarle la vuelta de los incentivos para que no se achanche. Mientras tanto el político, el juez o el fiscal promedio tendrían que gestionar los balances de un pequeño mercado de cercanía... evitando su quiebra por supuesto.

Por Tincho Lehmann (
@tincholehmann)

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